{"etiqueta":"3.1.5.3.","idpadre":"87","titulo":"Los ingenios de moler y la plata de fuego","contenido":"

En la visita que practicó a las minas de los Zacatecas en abril de 1550, el licenciado De la Marcha contabilizó 25 "ingenios" de moler y fundir, dos de moler, fundir y afinar, ocho de fundir y afinar, cuatro de fundir y uno de afinar. Es decir, en un lapso de apenas dos o tres años, sobre todo a partir del descubrimiento de las ricas vetas de La Albarrada, San Bernabé y Pánuco, se construyeron 28 maquinas de moler. Esta enorme "fábrica" indica que la esencial operación de la molienda estuvo desde los principios de Zacatecas totalmente maquinizada; no olvidemos que además de la ventaja de su elevada productividad, la molienda maquinizada significaba en el sistema de fundición de argentíferos, frente a la molienda manual con martillos, la aplicación de una técnica más adelantada dada por la mayor pulverización del mineral.<\/p>\r\n\r\n

Las máquinas de moler podían ser accionadas mediante la económica energía hidráulica, o por la energía animal de muy alto costo.1<\/sup><\/a> Algunos yacimientos de plata gozaban la ventaja extraordinaria de una localización cercana a corrientes de agua; cuando ambos recursos se hallaban distantes, los mineros debían calcular costes y optar entre la molienda con energía animal cerca de las bocas de las minas, o transportar los minerales a lomo de mulas hasta el lugar de la corriente hídrica que proporcionaría energía a las máquinas. La gran "fábrica" de molienda de Zacatecas siempre dependió de la energía animal.<\/p>\r\n\r\n

Las máquinas de moler utilizadas en Zacatecas ("molinos de pisones"), eran accionadas por tres mulas que se mudaban cada seis horas. El movimiento de los animales se aplicaba a una gran rueda dentada colocada de forma horizontal y se trasmitía a una vertical sostenida por un eje al cual estaban adosadas unas levas de madera llamadas triángulos por su forma. Al girar el eje, los dientes de las levas alzaban los mazos de madera dura, de 70-80 kilos cada uno, calzados con una gruesa plancha de hierro ("almadaneta") que al empezar a usarse pesaba cerca de 30 kilos. Los mazos caían con fuerza sobre el "mortero", una chapa de hierro fijada y sostenida a una fuerte base de madera apoyada en el suelo. Hacia 1560-1570, el molino standard ya era de diez mazos, siendo incluso frecuentes los de once o hasta los de trece mazos. Funcionando las 24 horas del día, un molino con diez u once mazos podía moler hasta 100 quintales (4,600 kilos) de metal sin cernir, es decir para fundición, y no menos de 60 quintales (2,760 kilos) cernidos, o sea preparados para el beneficio por azogue. En el caso de resultar válida la proyección de estos datos hacia 1550, lapso en que sólo se conocía el método de fundición, la temprana minería de Zacatecas ya tendría instalada una capacidad de molienda diaria de 2,800 quintales de metal, casi 129 toneladas.<\/p>\r\n\r\n

De acuerdo con el "censo" levantado en abril de 1550 por el licenciado De la Marcha, Zacatecas contaba ya con 39 hornos de fundir y 11 de afinar ("de reverbero"). Muy poco sabemos acerca del proceso concreto de transferencia de la tecnología europea de la fundición a la Nueva España ocurrida entre 1530 y 1550. Nuestros datos más relevantes corresponden a los años de 1535 y 1544, donde hay menciones a experimentos en fuelles accionados por caballos hechos por Juan de Placencia y Miguel Pérez Alemán, y a 1536, año en que llegan a Nueva España los mineros alemanes Martín Verger y Cristóbal Keiser, ex empleados de la casa Fugger, "con aparejos e industria para fundir los metales de las minas de plata que hasta entonces no se entendían, e hicieron ingenios de moler y fundir los metales". Sea una consecuencia directa o no del arribo de estos metalúrgicos, datos fechados tres o cuatro décadas más tarde indican que la minería novohispana ha sido beneficiada por la transferencia prácticamente completa de la tecnología alemana de la fundición, y que incluso se han introducido algunas mejoras a esta adelantada base técnica.<\/p>\r\n\r\n

Este proceso de transferencia sugiere que la temprana metalurgia novohispana adoptó el procedimiento del ensaye, "especie de fundición a pequeña escala, quizá la técnica metalúrgica más avanzada a la altura del siglo XVI".2<\/sup><\/a> Como enseñaba Agrícola, las pruebas previas de los metales hechas en estos pequeños hornos de arcilla proporcionaban dos grandes ventajas a los mineros. Primero, la de establecer con gran seguridad la ley de los diferentes minerales y cuáles soportaban los costos de la fundición; citando los términos de Agrícola, "los mineros pueden determinar con certeza si los minerales contienen o no metal en ellos, o si el mineral contiene uno o más metales, las pruebas pondrán de manifiesto si es mucho o poco"; asimismo, "fundiendo una pequeña cantidad tienen conocimiento de si la fusión de una gran cantidad les compensaría del gasto que originaría". Segundo, la de determinar cuáles son los fundentes más adecuados para separar la plata y establecer las proporciones acertadas de fundente y mineral con que se debe cargar el horno grande: "en la forma en que ensayamos mineral en un horno pequeño, así lo fundimos en un horno grande", alecciona Agrícola.<\/p>\r\n\r\n

Los hornos grandes para fundir o afinar tenían el nombre genérico de "castellanos". Mientras los hornos en uso en Alemania descritos por Agrícola tienen forma rectangular con una altura de metro y medio, los de Nueva España parecen tender hacia la forma circular (como la de los hornos donde se cocía el pan), y sin guardar regla fija en las dimensiones; la altura, por ejemplo, podía variar de uno hasta dos metros. Los hornos eran alimentados con carbón vegetal y leña, pero todavía falta discernir bien los usos de ambos combustibles y qué cantidades se consumían en cada operación de fusión; en los hornos de fundir se empleaba carbón pero pudo haberse combinado con leña, mientras en los de afinación quizás se utilizaba tanto la leña como el carbón. En ambos tipos de horno la quema del carbón y de la leña era avivada por los grandes fuelles movidos por fuerza animal.<\/p>\r\n\r\n

En la tecnología alemana, después de molidos y antes de cargarse en los grandes hornos de fundir, los minerales eran "concentrados", es decir, sometidos a operaciones de lavado en grandes piletas que permitían desechar los minerales inútiles o muy pobres de ley. En la Nueva España la adopción o no de este procedimiento dependió de la existencia de corrientes hídricas relativamente cercanas a los yacimientos. Y como en Zacatecas el agua era un bien extremadamente escaso, al igual que en los demás yacimientos situados en las altiplanicies semidesérticas de la frontera, los mineros se vieron obligados a prescindir, desde el primer momento, del tratamiento de "concentración" de los minerales previo a la fusión. Esta inevitable opción pudo encarecer la fase misma de la fusión. Si bien la supresión de la práctica del lavado significaba el ahorro de la mano de obra dedicada a esa operación y evitaba la pérdida de metales ricos por escurrimiento, de todos modos la concentración habría sido siempre más ventajosa en términos de costes, ya que al reducir en forma extraordinaria el volumen del mineral que pasaba a ser cargado a los hornos, disminuía el número de operaciones de fusión necesarias para obtener determinada cantidad de plata.<\/p>\r\n\r\n

En 1558 los mineros de Zacatecas se quejaban porque sus metales "son muy secos y no se pueden beneficiar ni sacar la plata de ellos sin mucha pérdida de la dicha greta y cendrada, porque para fundir dos quintales de metal que es una envoltura se le echan dos quintales y medio de greta y cendrada, y de ella se pierden las cinco arrobas en la dicha fundición de cada revoltura, que valen y siempre han valido diez pesos de minas...". Metales ricos pero "secos", o sea que tenían una proporción muy baja de sulfuro de plomo; en la clasificación por color de aquella época eran los "colorados",3<\/sup><\/a> mineral abundante en la parte superior de los yacimientos y cuyo color procedía de su componente de óxido de hierro. Como señala la cita, la quema de estos metales "secos" requería un flujo muy alto, en una proporción igual o superior a la del metal, de fundentes con base de plomo: la "greta" -litargirio, óxido de plomo en pedazos- y la "cendrada", o sea las cenizas con óxido de plomo que las operaciones de fusión depositaban en el interior de los hornos. Para fundir sus metales "secos", en consecuencia, los mineros tuvieron que importar la imprescindible "greta" desde Ixmiquilpan, a unos 400 km de Zacatecas.4<\/sup><\/a><\/p>\r\n\r\n

\"De<\/p>\r\n\r\n

De las fundiciones a gran escala de metales "secos" con grandes proporciones de "greta" y "cendrada" salía una aleación de plomo rico en plata en forma de planchas. La separación de ambos metales se producía en los hornos de afinar ("de reverbero"), mediante un proceso de oxidación del plomo que dejaba la plata libre, operación que en España recibía el nombre de "gredar" y en Nueva España el de "cebar". J. Sánchez Gómez ha destacado un sugerente hecho dado en el proceso de transferencia de la tecnología minera. En España, en las minas de Guadalcanal, la operación de afinar, o "gredar", se realizaba en unos hornos llamados fuslinas, cuya descripción se desconoce. En 1556 las fuslinas fueron reemplazadas por los hornos "de reverbero", pero la introducción de estos hornos de origen alemán no es hecha por expertos de esa nación sino por técnicos que habían trabajado en Nueva España. Es interesante recordar cómo la comisión de expertos formada en Guadalcanal dictaminó las grandes ventajas que deparaba la "novedad" indiana con respecto al tradicional procedimiento de la fuslina: "Que vistas las fuslinas donde ahora afinan, les parece y tienen por cierto que de la manera que se afina en la Nueva España por hornos de reverberación, afinarán mucha más cantidad y en mucho menos tiempo y saldrá más plata y mucha más almártaga y a menos costa...". Con base en la documentación española, Sánchez Gómez ha logrado reconstruir las características del horno "de reverbero" novohispano que se empezó a construir en Guadalcanal en 1556: "la carga se introduce en un hogar o crisol por encima del cual pasan las llamas, no produciéndose por tanto contacto directamente entre el mineral y el fuego. Son circulares y culminan en una cúpula semiesférica. La altura de éstos es menor que la de los de fundición -1.35 m-; el exterior es de piedra y en su interior se construyen las paredes de ladrillo refractario. Están dotados de una abertura para introducir la carga y de un orificio por el que se inserta el cañón del fuelle. El mineral se coloca en un vaso hecho de una mezcla de escoriales, barro y huesos que absorbe el óxido de plomo y deja libre en la superficie la plata prácticamente limpia".<\/p>\r\n\r\n

La gran "fábrica" de molienda y los dos procedimientos de fusión que acabamos de describir pertenecen al ámbito de las empresas españolas. Pero hay otra esfera de producción de la "plata de fuego" a pequeña escala, que pertenece a los trabajadores y emergió articulada a las empresas españolas desde los orígenes mismos de Zacatecas. En efecto, las ordenanzas promulgadas por el licenciado De la Marcha en abril de 1550 prohibían a los indios libres "hacer fundición ni afinación con hornillo ni fuelles", y estipulaban, asimismo, que "ningún español que no tuviere mina o minas de qué poder sacar metal y hacer hacienda de ella, no pueda tener ni tenga hornillo de mano en estas minas ni con ellos beneficiar plata". Ambas prohibiciones indican la extensión ya adquirida por la fundición a pequeña escala, practicada por indios libres o por los tratantes españoles que les compraban los metales. Pero tales órdenes no podían tener una efectividad real, ya que los hornillos sólo prolongaban en el exterior de las minas el sistema de "partido" (o convenio con los barreteros para dividir los metales que se sacaban al margen del tequio) que ofrecían justamente los mismos "señores de minas" para atraer cuadrillas de trabajadores hacia las duras labores subterráneas. Una carta de 1562 de los oficiales reales de Zacatecas nos sugiere cierta idea acerca de las dimensiones que pudo alcanzar la "plata de fuego" producida a pequeña escala por los trabajadores y los tratantes españoles ligados a ellos: los quintos y diezmos de las minas de Zacatecas y San Martín valen cada año cien mil pesos "y los cincuenta y cinco mil de ellos son de la plata del rescate que los indios y esclavos sacan en sus cendradas". Los oficiales reales podían estar exagerando al informar que el 55% del total de la plata producida en Zacatecas y San Martín procedía de los metales que los indios obtenían del "partido" y fundían en sus hornillos, pero esa estimación, probablemente abultada repetimos, nos sensibiliza para apreciar la altísima participación que tuvieron los trabajadores indígenas en la producción de plata durante los primeros años de Zacatecas.5<\/sup><\/a> Naturalmente, a lo largo del siglo XVI hubo muchas ofensivas para abatir la participación indígena en la riqueza de Zacatecas bajo la acusación, cierta en parte, de que los trabajadores de las minas hurtaban metales bajo la cobertura del "partido"; con tal fin, se dictaron muchas ordenanzas y bandos prohibiendo los hornillos y fuelles. Pero hay estructuras que no pueden ser destruidas con papeles; como decía un funcionario conocedor de la realidad de Zacatecas: si se pretendía aplicar con rigor esas prohibiciones, "no irán los indios a las minas, y no yendo cesa de todo punto el beneficio de la plata, que sería gran perjuicio a Su Majestad en su real hacienda y de particulares. Y donde no hay indios voluntarios no hay sacar ninguna plata, aunque haya millones de negros".<\/p>\r\n\r\n

La minería de Zacatecas, como la del resto de la Nueva España, tuvo pues desde sus orígenes dos sistemas de producción, opuestos en apariencia, de pleno interés analítico ambos. Por un lado, la "fábrica" de molienda, los grandes hornos de fundir y afinar, las combinaciones de fundentes, representaban lo más adelantado de la tecnología minera europea. Por otro lado, el laberinto de las galerías, la extracción a hombros de los minerales, la fundición en pequeños hornillos de minerales desmenuzados a golpes de martillo, son los signos de una minería "popular" a pequeña escala, rudimentaria. Ambos sistemas coexistirán hasta el fin del periodo colonial. Pero el proceso de formación de la "industria" minera presenta una combinación de formas más compleja aún. En la década de 1550 surgió también otro modo de beneficio de los metales de plata, que impulsó a la Nueva España hacia una posición de vanguardia en la tecnología minera de aquella época.<\/p>\r\n\r\n


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1<\/a> Además, los ingenios de agua tenían una mayor capacidad de molienda que los ingenios movidos por fuerza animal (por lo menos el doble), debido a su funcionamiento ininterrumpido y a la velocidad de giro o de fuerza en los golpes de los mazos.<\/small><\/p>\r\n\r\n

2<\/a> J. Sánchez Gómez, op. cit.<\/em>, tomo II, p. 495.<\/small><\/p>\r\n\r\n

3<\/a> Los metalúrgicos distinguían asimismo los "negros", que procedían de los planes más profundos de la mina y cuyo color estaba dado por los componentes de sulfato de plomo.<\/small><\/p>\r\n\r\n

4<\/a> Todavía en 1568, ya predominando en Zacatecas el método de beneficio por azogue, el visitador Francisco de Mendiola, para proteger el vital abastecimiento de fundentes, incluyó en sus ordenanzas un capítulo prohibiendo extraer "de estas minas el plomo, greta y cendrada que en ellas hubiere".<\/small><\/p>\r\n\r\n

5<\/a> Las series de la producción de plata de Zacatecas, reconstruidas por Bakewell, señalan para el trienio 1560-1562, 68.7% de plata de azogue y 31.3% de fundición. Pero estos porcentajes tampoco son fidedignos; los mineros españoles defraudaban a la real hacienda presentando plata "de rescate", o sea de fundición, como si hubiera sido beneficiada por azogue, pues ésta sólo pagaba la mitad de impuesto (diezmo).<\/small><\/p>\r\n<\/blockquote>","bread":[{"text":"Virreinato","id":"63"},{"text":"La transformaci\u00f3n de la frontera en el siglo XVI: La guerra y la miner\u00eda de la plata","id":"64"},{"text":"La plata de fuego y la plata de azogue en Zacatecas","id":"87"},{"text":"Los ingenios de moler y la plata de fuego","id":"90"}]}